Adiós América Latina me voy a offshore

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  • 01-05-2010

Parece que algo se está moviendo en la sociedad latinoamericana, países como Brasil, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y recientemente El Salvador, están viviendo una auténtica revolución política y social, el giro a la izquierda que han dado muchos Gobiernos del área, junto con políticas de corte social ilusiona a muchos, pero también asusta a otros.

Sin entrar en detalles políticos, podemos decir que nos adentramos en una época de cambios y convulsiones sociales importantes, para bien o para mal. Evidentemente, una situación de cambio siempre representa una amenaza en el campo económico, ya que nadie sabe con certeza como terminarán estos movimientos sociales y políticos. Puede darse un cambio tranquilo hacia la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos, como el caso de Lula da Silva parece confirmar en Brasil, pero igualmente existe una amenaza real de una deriva hacia el totalitarismo o incluso en enfrentamiento civil. En sociedades como Venezuela o Bolivia, ya hoy en día es cada vez más patente la brecha social abierta entre partidarios y contrarios a las políticas oficiales, un ejemplo muy claro de este riesgo lo representa Cuba, donde un movimiento inicialmente progresista y con tintes de justicia social ha acabado derivando, en parte también por influencias externas, en una dictadura obsoleta y encerrada en sí misma.

Sea como fuere, existen graves riesgos de inestabilidad política y económica lo que podría traer consigo medidas proteccionistas, controles de cambio, devaluación monetaria, expropiaciones o aumento de la presión fiscal, entre otros. Es en momentos de dificultad, cuando los paraísos fiscales, pueden recuperar una de las funciones que tradicionalmente han tenido: la protección del patrimonio. Este aspecto, ignorado por muchos ante las continuas menciones a la planificación fiscal, es una de las grandes ventajas que estas jurisdicciones pueden ofrecer. Es una función en parte humanitaria y social, ya que sin ella los perseguidos de este siglo, aquellos que tuvieron que abandonar sus países por la guerra o la represión, no habrían podido sobrevivir, para muchos, tener una serie de activos en seguras jurisdicciones offshore, fue el salvavidas gracias al que pudieron mantenerse a flote.

Tener dinero o propiedades offshore no debe entenderse en este caso como una maniobra dirigida al fraude o una traición al propio país, sino como un acto de gestión del riesgo. Si mañana la situación empeora, la moneda se devalúa o se imponen restricciones al comercio o a la inversión, nuestro “nidito offshore" puede ser lo que nos mantenga a flote y nos permita alimentar a nuestras familias. Recordemos el caso del famoso “corralito” Argentino. Quien en aquel entonces disponía de ahorros o una fuente de ingresos offshore, pudo mitigar en gran parte los efectos de esta desastrosa situación, mientras quien no quedaba preso del sistema.

Una sólida base de depósitos en centros financieros de solvencia, también servirá de base para poder comenzar una nueva existencia, si se da al caso de tener que abandonar el país por motivo de la guerra o la represión. La privacidad de los paraísos fiscales además protegerá nuestros activos contra cazadores de fortunas, los cuales mediante demandas judiciales o procesos “depredadores” intenten quedarse con nuestros frutos de años de trabajo. ¿Quién no conoce el caso del ex-marido o la ex-esposa que se quedó con todos lo bienes de su pareja o del comerciante o médico que por una demanda ridícula lo perdió todo?.