qué es la elusión fiscal
La vía legal
para no pagar impuestos
La elusión
fiscal consiste en evitar o retrasar el pago de
determinados impuestos, utilizando para ello mecanismos y estrategias
legales. Cuando los legisladores redactan una ley, tratan de hacerlo
con la máxima precisión posible. A pesar de eso, no es infrecuente que
se produzcan ambigüedades en los textos legales, que dan lugar a
diferentes interpretaciones. La ley puede entrar en conflicto con otras
normas ya existentes o pueden surgir situaciones nuevas que no estaban
previstas ni reguladas. Esto último es lo que se conoce como un vacío
legal.
Por otro lado, las normas tributarias
de los distintos países del mundo no son uniformes en absoluto.
Mientras que en los paraísos
fiscales los impuestos son prácticamente inexistentes (al
menos para los no residentes), algunos estados del norte de Europa
aplican a sus ciudadanos y empresas gravámenes cercanos al 50%.
Lo mismo ocurre con la legislación económica y mercantil. Si decide
constituir una sociedad, adquirir una propiedad o realizar una
inversión en el extranjero, se encontrará con trámites y costes muy
distintos dependiendo del país que elija para hacerlo.
Sacando partido a estas diferencias normativas y aprovechando los
vacíos legales existentes, en muchos casos es posible reducir
sustancialmente o incluso evitar el pago de impuestos de manera
legal.
La elusión fiscal puede ser practicada
por cualquier persona, que cuente con un asesoramiento legal y
tributario adecuado. Pero son las multinacionales y entidades
financieras las que por lo general más se benefician de ella, al
disponer de la estructura internacional y los recursos necesarios para
poner en marcha auténticas estrategias de ingeniería fiscal.
Como hemos dicho, la elusión fiscal no
es un delito, pero es fácil comprender que no es vista con agrado por
las autoridades tributarias. Al fin y al cabo por culpa de ella éstas
pueden llegar a perder una parte importante de su recaudación. Por ello
no es de extrañar que traten de combatirla con todos los medios a su
alcance.
Las principales actuaciones están dirigidas a eliminar posibles vacíos
legales que favorezcan la elusión. Esto se consigue bien modificando la
ley original o complementándola con reglamentos de carácter
administrativo. Algunos países van mas lejos y han establecido normas
generales anti-elusión. Son conocidas bajo las siglas GAAR
(General Anti-Avoidance Rules). Las aplican países como por ejemplo
Canadá, Australia o Nueva Zelanda. Otros estados, si bien no disponen
de una norma general, sí han promulgado numerosas leyes anti-elusión
o anti-paraíso
(fiscal).
Estas medidas son generalmente muy
criticadas por la comunidad económica y financiera. Es así porque en el
afán de poner freno a la elusión fiscal, muchas veces se dañan
intereses comerciales y se atenta contra la libertad de inversión y la libre
circulación de capitales.
Así
por ejemplo, si es usted accionista de una sociedad radicada en un
paraíso fiscal, los beneficios de esta sociedad en muchos países serían
considerados como ingresos personales. Esto es así incluso si decidiera
no repartir dividendos y por tanto no repatriar estos beneficios a su
país de origen. Estaría entonces obligado/a a reportarlos en su
declaración de impuestos y tributarían a un tipo impositivo mayor que
si estuvieran sometidos al impuesto de sociedades. Es decir, tendría
que pagar más impuestos por sus beneficios en el extranjero que si
estos se hubieran producido en su propio país, lo que es a todas luces
una discriminación. Incluso desde el punto de vista jurídico es una
medida discutible, ya que no tiene en cuenta el hecho que una sociedad
es una persona jurídica distinta a su propietario o accionista.
La eficacia de este tipo de medidas
también resulta cuanto menos dudosa. Teniendo en cuenta que los paraísos
fiscales cuentan con legislaciones especiales que no
obligan a revelar la identidad de los propietarios y accionistas de las
sociedades, éstos en muchos casos simplemente han optado por la
ocultación de sus operaciones.
Las Autoridades por otro lado
defienden la legitimidad de las medidas contra la elusión fiscal,
argumentando que son necesarias para impedir abusos. Entienden que una
serie de actuaciones encadenadas, aun siendo todas legítimas, pueden
llegar a constituir delito si son de naturaleza “artificial” y tienen
como único fin evitar el pago de impuestos. Por ello tratan de adivinar
la intención que se esconde detrás de las operaciones económicas y
actuar en caso de sospecha. Sea como fuere, se trata de un terreno
espinoso en el que es muy complicado encontrar el equilibrio entre
control fiscal y libertad de empresa.
Por último conviene señalar que la
elusión fiscal no debe confundirse con la evasión de impuestos
(o evasión fiscal), que sí es un delito. Si bien, en teoría son
actuaciones muy diferentes, en la práctica la línea que separa a la una
de la otra a menudo no está tan claramente definida y no es extraño que
evasión y elusión fiscal se acaben entremezclando.
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