El blog de los paraísos fiscales

Ir al contenido | Ir al menú | Ir a Buscar

Nuestros expertos opinan

Artículos y opiniones de los expertos en finanzas de paraísos fiscales INFO.

Feed de entradas - Feed de comentarios

viernes, Abril 23 2010

Evasion fiscal, versus elusion fiscal, versus ahorro fiscal.

Evasión fiscal, elusión fiscal y ahorro fiscal son tres términos íntimamente relacionados y que muchas veces se tienden a confundir. No obstante sus implicaciones jurídicas y legales pueden ser muy diferentes, pudiendo incluso variar su interpretación de un país a otro.

Hoy en el blog de los paraísos fiscales, contamos con la opinión de Irne Gutiérrez, asesor profesional de negocios y experto en factoring internacional, el cual nos dará su enfoque particular sobre el tema, tomando en cuenta especialmente la realidad latinoamericana.

Atendiendo la gentil invitación de la administración de Paraisos Fiscales-Info, me es placentero escribir unas notas sobre un tema que ha dado mucho que decir en todo el mundo de los negocios internacionales y que me parece es importante tengamos muy en cuenta a la hora de tomar decisiones cuando de tributar se trata.  EVASION versus ELUSION versus AHORRO FISCAL.

Con frecuencia encontramos en la web debates sobre lo que debe entenderse por evasión y lo que debe entenderse por elusión, dando una connotación generalizada donde la primera es ILEGAL y además DELITO y que la segunda es LEGAL, sin que se hagan las diferenciaciones de territorialidad.  En algunos continentes y seguramente en algunos países, especialmente en Estados Unidos y Europa, estos conceptos son entendidos de esta manera, sin embargo en Latinoamérica algunos países como Colombia y Venezuela estos dos conceptos son tipificados como un FRAUDE FISCAL y ambas figuras son consideradas ILEGALES.
Así mismo estos países han dado paso aun nuevo concepto como lo es el ahorro fiscal y es así también como las altas cortes de discusión tributaria y los gobiernos han establecido criterios para diferenciarlo de lo que para ellos constituye fraude fiscal
Me voy a permitir escribir las definiciones basado en esos criterios estatales y también de las opiniones de expertos tributaristas.


Evasión fiscal:  Es cualquier acto que implique desconocer una norma completamente regulada, ocultando o alterando los hechos económicos con el único ánimo de disminuir los impuestos a pagar. Ocultar ingresos, bienes, aumentar gastos sin ser causados o reales, aumentar pasivos inexistentes, son ejemplos típicos de la evasión.

Citemos un ejemplo mas en concreto:
-En algunos países los pagos realizados por donaciones serán deducibles de los ingresos tributables, total o parcialmente, solo cuando el beneficiario de la donación sea una entidad sin animo de lucro y dedicada actividades humanitarias o sociales. Esto esta regulado y escrito en alguna norma y es aquí donde algunos contribuyentes, sabiendo que esto es claro y regulado, descuentan también las donaciones realizadas a otras entidades o empresas que no cumplen con el requisito,  tipificandose una clara EVASION.

Elusión fiscal: Es el aprovechamiento de las deficiencias en las definiciones legales de las diferentes situaciones o simplemente de situaciones no contempladas, es decir vacio legal. En algunos países existen doctrinas que determinan para algunos casos LO QUE NO ESTA EXPRESAMENTE PROHIBIDO ESTA TACITAMENTE PERMITIDO, permitiendo caer en decisiones erradas al tratar de acomodar la norma al beneficio del declarante contribuyente.

Aquí es claro y evidente que la tendencia es utilizar figuras, técnicas y procedimientos para minimizar la carga tributaria evitando el nacimiento del hecho que la misma ley o norma ha establecido para ello.

Un ejemplo de esto seria:

-En algunos países, hacen la diferenciación tributaria entre HONORARIOS y SERVICIOS GENERALES dándole una mayor carga impositiva a los primeros, por el solo hecho que en ellos hay factor predominante como lo es el factor INTELECTUAL y que este prevalece mas que lo meramente manual como lo es con respecto a SERVICIOS donde lo manual predomina mas que lo intelectual, como es el caso de un herrero, un zapatero, etc. De allí que vemos a muchos profesionales que al momento de prestar sus servicios (llámese médicos, abogados, ingenieros, arquitectos, etc) le facturan a sus clientes haciéndolo de una manera simplista induciendo a error al cliente, al detallar que los cargos son solamente por SERVICIOS GENERALES y no por HONORARIOS o SERVICIOS PROFESIONALES como realmente lo son.

Ahorro fiscal: Esta figura no es más que la aplicación recta de las normas tributarias sobre hechos plenamente contemplados en la ley en forma expresa o tacita. Es el aprovechamiento de las ventajas que el legislador de un país a previsto para incentivar una actividad o un objetivo de interés nacional. Es aquí donde las grandes empresas como las multinacionales, en la mayoría de los casos,  enfocan sus baterías con sus funcionarios y asesores. Para esto se necesita de un conocimiento pleno de la legislación tributaria del país de origen del contribuyente y distinguir muy bien entre lo que es y significa cada una de estas tres figuras, porque todas buscan el mismo objetivo:. DISMINUIR LA CARGA TRIBUTATIA. Los códigos y estatutos tributarios están llenos de estas oportunidades que permiten generar esos beneficios conocidos ahora como ahorro fiscal.

Finalmente, si miramos los significados que nos da la Real Academia Española, podríamos decir que es clara la diferenciación de unas y otras; por ejemplo "evasión" se define como FUGARSE; ESCAPARSE, es decir si nos fugamos es porque estamos dentro de algo, esto es dentro de la OBLIGACION TRIBUTARIA.

"Elusión" es ESQUIVAR una dificultad, un problema o evitar algo con astucia o maña, lo cual supone que no estamos dentro de algo, que en el caso concreto sería la obligación tributaria no acaecida y la elusión seria esquivarla o evitarla.

Irne Gutiérrez - Asesor Profesional de Negocios

Para más información sobre este tema, recomendamos visitar nuestras secciones dedicadas a evasión fiscal y elusión fiscal de nuestra Web principal sobre paraísos fiscales.

jueves, Abril 8 2010

Paraisos fiscales: un año después.

“El fin de los paraísos fiscales está cerca”.  “La evasión fiscal se va a terminar”. El año pasado por estas mismas fechas tanto el G-20 como la OCDE anunciaban la guerra  a muerte contra las jurisdicciones offshore. ¿Pero cual es la situación un año después? Esto es lo que trataremos de analizar a través de este artículo.

Hay opiniones para todos los gustos. Desde el triunfalismo del Secretario General de la OCDE Angel Gurría, que anuncia de manera grandilocuente que se han firmado cientos de tratados fiscales y ya no quedan prácticamente paraísos fiscales, hasta los grupos de ultraizquierda que tildan todo lo acontecido hasta ahora de una gran patraña.

Con datos objetivos en la mano, es cierto que se han firmado un gran número de convenios fiscales bilaterales entre países, pero no es menos cierto que muchos de ellos han sido o con países de dudoso “interés estratégico”.
Mientras existen países que han hecho sus “deberes” de manera satisfactoria y han firmado tratados de importancia, como pueden ser los casos de Gibraltar y Andorra con el Reino Unido, España o Francia, existen muchos otros que han cubierto el cupo de acuerdos exigido de la OCDE mediante convenios con otras jurisdicciones offshore o con países de relevancia nula, como Groenlandia o las Islas Faroe.

Es cierto que la rumorología es mucha. Se habla de una posible tasa sobre las transacciones bancarias que no procedan de países europeos, de nuevos acuerdos multilaterales para incrementar la transparencia fiscal o de la revisión conjunta de los sistemas tributarios entre países. No obstante, las actuaciones concretas hasta ahora han sido más bien propagandísticas que efectivas o, si alguna se ha llegado a implementar mínimamente, siempre ha sido en forma de una versión descafeinada sobre las pretensiones iniciales. Francia, uno de los países más combativos a través de la figura de su presidente Nicolás Sarkozy, publicó recientemente su propia lista de paraísos fiscales, la cual sorprendentemente era prácticamente la misma que la de la OCDE. También el ansiado acuerdo de intercambio de información con Suiza parece que finalmente se materializará mediante una versión muy limitada de la inicialmente pretendida por el Gobierno galo.

Los acuerdos alcanzados entre países no implican en ningún caso un intercambio de información automático sobre las cuentas bancarias a nombre de ciudadanos extranjeros, sino que son siempre bajo condiciones “caso por caso”. Esto quiere decir que el país solicitante deberá demostrar que no tiene otro medio de conseguir la información que demanda y confirmar a su vez la identidad de la persona a cuyo nombre se sospecha que está la cuenta. Esto permite una actuación en casos flagrantes y descarados de evasión, pero si no existen movimientos bancarios directos entre la cuenta offshore y el sujeto investigado, resultará casi imposible sacar algún beneficio de estos tratados.

Por último, a día de hoy, ya nadie habla de sanciones a los territorios que no son considerados suficientemente transparentes, ni siquiera en para los casos más extremos como Liberia o Naurú que, no han firmado ni un solo tratado fiscal.

Pese al aparente fracaso de las políticas de presión, hay que reconocer sin embargo que se está produciendo un determinado movimiento en el mundo offshore. Básicamente se puede decir que las diferentes jurisdicciones se han alineado en dos grupos. Por un lado están las que pretenden seguir con el modelo tradicional de opacidad y secreto bancario, colaborando sólo en lo mínimo para evitar sanciones, haciendo “trampa” donde se pueda y por otro aquellas otras que han decidido aceptar las nuevas reglas de juego impuestas por la OCDE. Estas últimas intentarán reconvertirse a territorios de baja tributación según el modelo que actualmente siguen países como Chipre o Malta. Esto afecta sobre todo a las jurisdicciones europeas como Andorra, Mónaco, Gibraltar, o Liechtenstein que intentarán implantar un sistema de impuestos moderados, combinado múltiples convenios sobre doble imposición, para tratar de fomentar el establecimiento de empresas extranjeras en su territorio, especialmente sociedades matrices o holding. Todo dentro de la legalidad.

Muchos expertos del sector opinan que este tipo de política será la dominante en el futuro y que al antiguo sistema basado en opacidad y evasión fiscal tendrá que terminarse tarde o temprano.

La pregunta es si realmente estos modelos suponen una alternativa para las jurisdicciones offshore tradicionales. ¿Al fin y al cabo, por qué motivo iba alguien a establecer una empresa matriz en una pequeña isla del Caribe o en un recóndito territorio montañoso, si puede obtener las mismas ventajas haciéndolo en un gran centro financiero europeo? Es muy probable que acabe habiendo demasiados comensales para el mismo trozo de tarta y desde luego los territorios pequeños y alejados llevarán las de perder.

No obstante, todavía puede haber una oportunidad de negocio para ellos mediante las llamadas “estructuras de sandwich”. Estas consisten en interponer una sociedad de algún país permisivo (pero no un paraíso fiscal) a modo de holding entre la sociedad offshore y la empresa operativa “onshore”.  De este modo se obtienen beneficios muy similares a los que se conseguirían operando solamente con una empresa offshore, pero con un nivel mucho mayor de discreción. Así, ciertas sociedades europeas como las chipriotas, maltesas, irlandesas o incluso las británicas son a menudo utilizadas en este tipo de estructuras.

El modelo es viable en muchos casos, aunque sus costes son algo superiores al mantenimiento de una sociedad offshore tradicional y por tanto no es una alternativa apta para todos los bolsillos.

Tampoco conviene olvidarse de los países de la Europa del Este, los cuales en muchos casos han reducido de manera importante sus impuestos corporativos. Estados como Macedonia, Serbia, Rumanía, Lituania o Bulgaria cuentan con un impuesto de sociedades inferior al 15%, lo que sin duda atraerá a negocios que puedan ser deslocalizados u operados remotamente.

¿Paraísos fiscales o territorios de baja tributación? Esa es la cuestión. El objetivo es el mismo: ahorro en el pago de impuestos, aunque tal vez ahora de manera cada vez más legal.

viernes, Febrero 12 2010

¿Es realmente "secreto" el secreto bancario?

El secreto bancario está amenazado. Esto ya lo sabemos desde hace bastante tiempo. Desde los atentados del 11S el mercado financiero no ha vuelto a ser el mismo. Por la presión de los Estados Unidos no sólo la práctica totalidad de los países han firmado acuerdos de asistencia legal mutua para casos de terrorismo y narcotráfico, sino que además se han endurecido enormemente las condiciones para abrir cuentas bancarias. Para obtener la tan deseada cuenta offshore, el solicitante debe pasar por todo un calvario de legalizaciones, cartas de referencia e incluso revelar toda suerte de datos y detalles personales y sobre su proyecto empresarial o de inversión.

Si estos procedimientos pueden resultar tediosos y molestos, no han supuesto sin embargo una seria amenaza al secreto bancario en sí, ya que, una vez que se haya cumplido con los requisitos iniciales, el banco normalmente se dará por satisfecho y velará entonces por que la información facilitada sea custodiada con todas las garantías, pudiéndose revelar sólo en casos de delitos muy graves.

Todo lo contrario está ocurriendo con lo que podríamos llamar la “segunda ola” de actuación contra el secreto bancario y que tiene el objetivo básico de ampliar los supuestos que todos comparten (delitos como fraude, narcotráfico o terrorismo) al terreno fiscal. Una de las principales exigencias que se piden a los paraísos fiscales, es que pase a considerarse como delito grave también a la evasión de impuestos.

Curiosamente la filosofía “no necesito privacidad, porque soy honrado y no tengo nada que ocultar” es apoyada por una gran mayoría de los ciudadanos de a pie que piensan que el secreto bancario es un invento de ricos y poderosos para poder ocultar su riqueza. Esto sin embargo es una simplificación excesiva. Al igual que no aceptamos que nos pongan una cámara de vigilancia en nuestra casa, no debería darnos igual que personas extrañas, aunque sean funcionarios gubernamentales, tengan acceso a nuestros datos económicos y privados.

¿Porque, seamos sinceros, realmente el Estado podrá garantizar los datos recopilados estén seguros? Recientemente se ha conocido en los medios de comunicación que el Ministerio del Interior español estaba subcontratando a una empresa de traducciones para ayudarles en casos escuchas telefónicas, investigaciones criminales y otos documentos sensibles. Al parecer muchos de los traductores enviados no reunían las garantías suficientes y no sólo en muchos casos no estaban debidamente cualificados, sino que eran contratados sin ningún chequeo de seguridad. Incluso se produjo un caso en el que la empresa envió a un fugitivo de la justicia como intérprete. Teniendo en cuenta que los mencionados traductores trabajaban para la policía judicial y manejaban datos sensibles, esto resulta más que preocupante.

Es sólo un pequeño ejemplo, pero: ¿quién garantizará que nuestros datos bancarios y económicos no acabará en manos de mafias, competidores o cazafortunas? La corrupción y la descoordinación reinante los Organismos Públicos desde luego no tranquilizan mucho. Pero los Gobiernos están decididos a llegar al dinero de sus contribuyentes, aunque se tenga que hacer a base de pisotear cualquier derecho a la privacidad económica. De hecho, si no lo consiguen por los cauces legales, no dudarán en hacerlo por los ilegales.

Esto lo prueban los tres recientes escándalos de venta de datos bancarios ocurridos en Europa. El primero fue el caso LGT en Lichtenstein, donde un empleado sustrajo un CD con datos sobre contribuyentes alemanes que vendió al Gobierno alemán. Posteriormente un responsable de sistemas del banco HSBC en Ginebra facilitó información al Gobierno francés, aunque según este lo hizo de manera altruista y sin pedir nada a cambio (déjenme dudarlo). Suiza, ante lo que considera un grave delito de violación del secreto bancario pidió la extradición de su ciudadano, pero Francia se ha negado a ello y comunicó que tiene intención de usar los datos obtenidos. Pero no fue el último caso. Al parecer al Gobierno alemán tiene una oferta de un informante anónimo que por 2,5 millones de Euros, ofrece datos sobre cuentas en bancos suizos, especialmente del antaño buque insignia del sector el UBS. Este banco ya quedó seriamente tocado por haber sido forzado a colaborar en una investigación fiscal con los Estados Unidos, los cuales pedían la revelación de datos sobre cuentas de ciudadanos norteamericanos.

Curiosamente, lo que en cualquier otro ámbito político o judicial se consideraría como una violación flagrante del derecho internacional, es decir romper la ley de un país democrático para acceder a datos de manera totalmente ilegítima, en el terreno fiscal de repente parece una práctica justa y aceptable. Claro está, que sólo si es para el propio beneficio. Me gustaría ver lo que ocurriría al revés, si un Gobierno de un país en desarrollo comprara datos sobre depositantes en los bancos de la UE. Se ve que en lo fiscal somos bastante menos escrupulosos. Ya se sabe que cuando se trata de la cartera… Si bien estas prácticas han avinagrado en parte las relaciones de Suiza con sus vecinos, destaca la relativa pasividad con la que el Gobierno helvético está enfrentando estos hechos, ya que sus protestas no han sido todo lo contundentes de lo que cabría esperar. Si los empleados de banca ven como algunos colegas suyos roban impunemente datos y cobran millones de dólares por ello, gozando además de la protección de los Gobiernos comunitarios no tardará en cundir el ejemplo.

Si la picaresca se impone, Suiza estaría relativamente indefensa, porque sinceramente, no me imagino un comando de “gurkas suizos” haciendo una incursión en Francia para capturar y llevar ante la justicia al traidor al secreto bancario nacional… Suiza tiene mucho que perder y desde luego es para ella una vergüenza nacional que dos de estos casos se hayan producido justamente en su territorio y no en algún pequeño y corrupto paraíso fiscal de África. Al final va a resultar que los aprendices de banqueros en jurisdicciones offshore que los suizos consideran de “de poca monta”, defienden mejor su pan que los idolatrados banqueros nacionales con siglos de tradición.

Mientras se dilucida como acabarán estos casos, ¿qué puede hacer el ciudadano que no esté dispuesto a renunciar al secreto bancario y verse cazado en las “redes de arrastre” (pues esto ya no es pesca selectiva) de las voraces administraciones tributarias europeas y norteamericanas? Creo que es hora de cambiar conductas.

Tradicionalmente, la opción más segura, o al menos lo que se vendía como tal, era apostar por los grandes nombres de la banca, que eran los que más garantías de secreto bancario y solvencia podían ofrecer. Estos monstruos financieros como UBS, Credit Suisse, HSBC o The Royal Bank of Scotland parecían sin duda la apuesta más segura. Los bancos lo sabían y por ello en un alarde de prepotencia no dudaban en aplicar políticas enormemente selectivas en cuanto a aceptación de clientes o incluso en algunos casos a cobrar por permitir presentar una solicitud, sin garantía de aceptación ni posibilidad de reembolso. El cliente por supuesto debía estar agradecido si el banco se dignaba a acoger sus millones…Pero la prepotencia a veces se acaba pagando y el tiempo muchas veces pone las cosas en su sitio. El caso UBS es muy ilustrativo y ha demostrado en gran parte que estos bancos aparentemente tan seguros parece que no titubean en vender a sus clientes ante el primer síntoma de posibles problemas.

Y es que no sólo han sido algunas de estas instituciones las que han sufrido los mayores escándalos sobre tráfico de datos y levantamiento del secreto bancario, sino que además han pasado serios apuros financieros, precisando en algunos casos de ayudas públicas para salir adelante. El argumento de “es demasiado grande para que puedan dejarlo caer”, si bien en cierta manera sí se ha cumplido, también ha dejado muy tocados a los Estados. En casos como los de Grecia o Islandia, incluso es el propio Estado el que necesita ya de ayudas. Si ya no tiene dinero disponible para dedicar a rescates, la supuesta “seguridad” de los grandes bancos queda también seriamente comprometida.

 ¿Cuál es entonces la alternativa? ¿Meter el dinero en cualquier chiringuito offshore que ha crecido durante la noche? Tampoco es eso, pero existen toda una serie de bancos solventes y legítimos de “segunda línea” que no sólo resultan mucho más discretos por estar lejos de los focos mediáticos, sino que además en muchos casos han llevado una política de inversiones mucho más prudente que los grandes. Los grande bancos podían permitirse el lujo fichar a los grandes “gurús e iluminados” de las finanzas, que son los que finalmente les han llevado al desastre. Muchos bancos más modestos sin embargo, se han seguido apoyando en negocios más tradicionales, como por ejemplo la financiación del comercio, el fomento del ahorro, etc. Si bien la crisis también les ha afectado, el no haber invertido masivamente en exóticos productos de alto rendimiento ha acabado por beneficiarles.

Por supuesto también se aconseja valorar la situación financiera de un banco más modesto a la hora de la elección, pero la ventaja de estas entidades es que por lo general son más transparentes ya que lo tienen más complicado para esconder números negativos, al contrario que los grandes grupos financieros que cuenta con diferentes empresas y filiales offshore entre las que pueden difuminar las pérdidas. Otra estrategia puede ser la diversificación. En vez de depositar todo el capital en una institución grande, puede ser más inteligente repartirlo entre varias más pequeñas. Esto no sólo reduce el riesgo, sino que resulta también más discreto. Un banco más pequeño además estará normalmente más agradecido por sus depósitos y por lo general precisará de una menor cantidad de capital para poder acceder a servicios Premium o de banca privada.

Los tiempos están cambiando y confiar solamente en el secreto bancario como tabla de salvación es cada vez más arriesgado y temerario. Es preciso pensar más allá y desarrollar una estrategia inteligente, evaluando seriamente el binomio riesgo/beneficio. Los tiempos en los que en el mundo offshore funcionaba un único formato válido para cualquiera, hace tiempo que pasaron. Las viejas recetas ya no sirven en la mayoría de los casos y es hora de reinventar.

jueves, Enero 14 2010

¿Un impuesto sobre transacciones financieras?

Un impuesto sobre transacciones financieras. Por Richard Ballester.

Últimamente se ha hablado bastante sobre la posible introducción de un impuesto sobre las transacciones financieras, que se aplicaría a escala mundial. Los principales promotores de esta polémica medida son determinados países de la Unión Europea, cuya cabeza más visible la encarna el presidente francés Sarkozy. La idea consiste básicamente en gravar todas las transferencias y transacciones internacionales con un nuevo impuesto, quedando por definir quién administraría el tributo y a qué fines se dedicaría. Los países considerados como paraísos fiscales, podrían ser sometidos a un gravamen mayor que los demás estados. Este proyecto es apoyado también al parecer por las máximas personalidades del recién estrenado Gobierno de la UE, habiéndose pronunciado ya a favor el lituano Algirdas Semeta, que ha sido propuesto como Comisario Europeo de Fiscalidad y Unión Aduanera recientemente. No obstante, declaró en su discurso de presentación, que se hará necesario evaluar el impacto que la medida podría tener sobre la economía y los intercambios comerciales, antes de decidir o no su puesta en marcha. Indicó también que será necesario encontrar un consenso universal que permita implantar el impuesto sobre transacciones financieras a escala mundial, que es lo que pretende la UE, ya que una introducción parcial podría suponer una huida de capitales de Europa.

Por otro lado en lo que respecta a posibles sanciones, está por ver cuántos países quedarán en la “lista gris” de los paraísos fiscales a finales del mes de marzo (si es que queda alguno), que es para cuando tiene previsto reunirse nuevamente el Foro sobre Transparencia Fiscal del G-20 y en donde se ha anunciado que se promoverán las primeras sanciones reales contra los territorios no cooperantes. Varios paraísos fiscales clásicos como las Islas Caimán, las Islas Vírgenes Británicas o Liechtenstein ya fueron retirados de la lista y existen un gran número de Estados que están a punto de lograr lo mismo. Tampoco está claro que ocurrirá una vez la práctica totalidad de territorios hayan conseguido firmar los 12 convenios de intercambio de información fiscal que la OCDE exige para considerar a un estado como transparente. ¿Se revisarán los acuerdos firmados para analizar su calidad? Porque mientras algunos países han firmado convenios de doble imposición serios con países de la UE, Australia o USA, en otros casos la mayor parte de los tratados firmados han sido con otros paraísos fiscales o con economías insignificantes como las Islas Feroe o Groenlandia. ¿Se dejará el asunto así o se pretenderá dar una vuelta más de tuerca en dirección hacia el intercambio automático de información o la firma de tratados multilaterales? ¿Estarán las jurisdicciones offshore dispuestas a ceder más allá de medidas cosméticas hasta el punto de poner en riesgo su propia existencia? ¿A qué altura de la partida decidirán dar un puñetazo en la mesa y abandonar el tablero los grandes jugadores como Suiza o Panamá que podrían permitirse comenzar una rebelión?

La idea de implantar el impuesto sobre transacciones financieras parece indicar que los países desarrollados saben que no van a poder llegar mucho más lejos en su cruzada anti-offshore. Esta política de gravar con una pequeña cuota a todo el mundo por igual, al ser incapaz de impedir el fraude, recuerda mucho a los famosos cánones digitales, donde el empresario que compra discos duros para las computadoras de su empresa se ve obligado involuntariamente a indemnizar a las Sociedades de Autores por las descargas ilegales que realizan particulares, especialmente adolescentes. Al fin y al cabo los supermercados aplican esta política desde hace años. Encarecen un poco los productos a todos los compradores, para cubrir los hurtos, mermas y roturas causados por unos pocos.

En el caso del impuesto sobre transacciones financieras serán los negocios legítimos los que tendrán que pagar gran parte de la factura y este sistema que apela a la honradez y al cumplimiento en el pago de impuestos, optará una vez más por castigar a justos y pecadores por igual.

miércoles, Septiembre 16 2009

¿Se alegraría sobre la desaparición de los paraísos fiscales? Tal vez no debiera...

Muchos piensan que la desaparición de los paraísos fiscales y con ellos de la evasión fiscal, tendría como consecuencia un mundo más justo y próspero. Los que defienden la asfixia de los paraísos fiscales esgrimen sus argumentos: menos evasión de impuestos, significaría mayores ingresos de los Estados y por tanto más recursos para invertir en políticas sociales que aumenten el bienestar de los ciudadanos.

¿Pero es esto realmente cierto?

Recordemos un caso más o menos reciente, con el que podríamos trazar un paralelismo. ¿Recuerdan los tiempos del telón de acero y los regimenes comunistas? En nuestras sociedades occidentales capitalistas, no paraban de adoctrinarnos de lo malo que era el comunismo y sobre lo felices que seríamos todos si desapareciera. Asistimos al desmembramiento del bloque comunista, pensando que este hecho histórico, traería una ola de prosperidad a toda la economía mundial. ¿Pero qué ocurrió en realidad? ¿Se ha ampliado el estado del bienestar en nuestros países? ¿Existe mayor protección de los trabajadores? ¿Ha crecido la clase media y disminuido la pobreza?

Nuestros padres, aunque no contaban con el último modelo de televisión de plasma ni se iban de vacaciones al Caribe, pagaban sus casas en 10 años y compraban sus carros al contado. Endeudarse era algo excepcional, prácticamente limitado a grandes compras como una casa. A nadie se le hubiera ocurrido endeudarse para unas vacaciones o para comprar un aparato de TV. Normalmente, trabajaba un solo miembro de la familia, cuyo salario bastaba para llegar a fin de mes y no era extraño jubilarse en la misma empresa en la que se había trabajado durante toda la vida. En los años 60 y 70, coincidiendo con una de las épocas duras del comunismo, se lograron importantes avances en la protección social de los trabajadores. Asistencia médica, protección e indemnización ante el despido, contratos fijos o vacaciones remuneradas. Los sindicatos comenzaron a ser habituales en las empresas, al menos en el norte de Europa.

Hoy en día, todas estas conquistas están seriamente amenazadas, si no se ha empezado ya a recortarlas. Abundan los contratos basura, se presiona para reducir las indemnizaciones por despidos y no tardaremos en tener que hacer recortes en los sistemas de pensiones o la seguridad social. Precisamos en muchos casos de dos salarios para poder vivir y, aunque tenemos muchos bienes de consumo, gran parte de ellos los hemos comprado a plazos y no los hemos pagado todavía. Lo peor es que muchas familias se ven obligadas a trabajar largas horas para pagar préstamos e hipotecas, mientras los hijos crecen abandonados a su suerte o educados por canguros y guarderías. ¿Realmente somos más prósperos que antes o estamos más esclavizados pero no nos damos cuenta por la cantidad de “morfina consumista” que nos inyectan?

Esta evolución puede que tenga bastante más que ver con la caída del fenómeno del comunismo de lo que en realidad creamos. Además de hacer imposible una verdadera globalización es innegable que el comunismo, por desagradable que pudiera resultar para los que vivían bajo los férreos regímenes de Europa del Este, tenía en cierta manera la función “contrapeso” del sistema capitalista. El sistema capitalista debía “guardar las formas” para hacernos ver lo afortunados que éramos de poder vivir bajo su “manto protector”, no fuera a ser que comenzáramos a hacerle guiños de complicidad al comunismo. Por ello los gobiernos se esmeraron en mitigar los efectos secundarios nocivos del capitalismo, introduciendo altos niveles de protección social y de los trabajadores. Eran medidas necesarias ya que la instauración de un sistema de capitalismo salvaje, hubiera tenido como consecuencia el crecimiento de las clases altas y bajas, corriéndose el riesgo que estas últimas, se alzaran contra el orden establecido exigiendo la instauración de un régimen comunista. Esto ocurrió por ejemplo en algunos países de América Latina, donde se hiló mucho menos fino en la implantación del capitalismo. La velada amenaza del fantasma comunista, propició por ello en muchos lugares, el establecimiento de una forma de capitalismo más humano, más social.

Algo parecido ha ocurrido con los paraísos fiscales frente a los Estados con impuestos altos. Si analizamos el impacto de la aparición de las jurisdicciones offshore durante las últimas décadas, se puede constatar perfectamente como contribuyeron a parar una subida de impuestos que hasta el momento había sido continua. Esto ya ha sido analizado por diferentes economistas y librepensadores. Recomiendo la lectura del artículo de Daniel J. Mitchell, del Cato Institute “Los paraísos fiscales son una bendición”, al que ya se ha hecho referencia en este blog mediante el siguiente post.

El contar con un competidor feroz (esta vez bastante más espabilado que el burocrático y obsoleto sistema comunista) ha hecho que el llamado “cartel tributario”, es decir el grupo de países del primer mundo con impuestos altos, tuviera que tomar medidas. No sólo se vieron forzados a moderar la vorágine recaudatoria, sino también a realizar reformas en determinados impuestos injustos o, lo que es todavía más importante, dar pasos para la mejor administración de sus recursos, luchando contra el despilfarro. De no haber tenido esta necesidad, es más que probable que hubieran continuado las subidas de impuestos a la par que la dilapidación del dinero público. Con la amenaza de los paraísos fiscales sin embargo, cada nueva subida de impuestos suponía un riesgo importante de nuevas huidas de capital y traslados de empresas a otras jurisdicciones.

No falta quien asegura que esta es una afirmación de tinte neoliberal, pero supongamos por una vez qué ocurriría con un Estado que contase con cada vez más recursos, mientras estos se fueran sustrayendo de las empresas y de los beneficios de los individuos. En primer lugar, al igual que ocurría con las obsoletas y burocráticas economías comunistas, el Estado ya no tendría grandes alicientes para realizar medidas de contención del gasto público, ya que podría compensar cualquier déficit con nuevos impuestos, de los que los sufridos ciudadanos ya no tendrían escapatoria a ningún lugar. Esto erosionaría cada vez más el poder económico de las empresas, que contarían con menos recursos para invertir y por tanto también para la creación de nuevos puestos de trabajo o la inversión en investigación y desarrollo.

Por otra parte, el mercado del capital también se resentiría. ¿Al fin y al cabo quién querría seguir realizando inversiones si la rentabilidad fuera cada vez más baja y estuviera sometida a mayores gravámenes? En un sistema en el que el ahorro y el éxito en los negocios se castiga con un sistema progresivo de impuestos que grava fuertemente a las rentas más altas, resulta más rentable endeudarse y acogerse a ayudas públicas, que trabajar duro, invertir o ahorrar. Las consecuencias de esto ya las estamos viendo en parte con la reciente crisis financiera. Cada vez más personas que viven de subsidios y mayor estrangulamiento a los que trabajan. El resultado: menos consumo y menos ahorro.

Pero mientras que en un sistema como el mencionado, las empresas y los inversores, hoy día el principal motor de la economía, se resentirían, ganaría cada vez más importancia el sector público. El “padre “Estado”, bien financiado, se tendría que ocupar de todo aquello que la asfixiada empresa privada ya no podría hacer, dando lugar poco a poco a una economía planificada. Mediante un programa de subvenciones y ayudas se mantendría en un estado semi-vegetativo a grandes sectores de la población, la cual ya no tendría revulsivos suficientes para producir o trabajar más, ya que con la progresividad en los impuestos acabarían cediendo al Estado gran parte de su duramente ganado ahorro. ¿Les suena de algo este sistema? ¿No se parece bastante más a los antiguos sistemas comunistas en los que el Estado omnipresente controlaba el sistema económico? Y de controlar la economía a controlar las libertades de los ciudadanos sólo hay un paso.”Quién paga manda” o como se ha dicho acertadamente: “primero muere el libre mercado, después la democracia”.

Con estas afirmaciones no se trata de hacer una defensa de la evasión fiscal, pero sí reivindicar la libre competencia en materia fiscal. Que el club de los países ricos que conforman la OCDE trate de imponer su modelo fiscal a todos las demás naciones, en caso necesario recurriendo a presiones y sanciones, es todo menos democrático. ¿Acaso es de la incumbencia de la OCDE que otros territorios, ya sean paraísos fiscales o no, quieran cobrar menos impuestos a sus ciudadanos o decidan gravar sólo los beneficios obtenidos dentro de su territorio y no los obtenidos en el resto del mundo? ¿Por qué un país no iba a poder crear legislaciones favorables a los pequeños emprendedores que les permitan empezar un negocio sin importantes cargas sociales o tributarias que lo hagan inviable desde el principio?

¿Por qué no hacemos los mismos esfuerzos por imponer nuestros criterios en otros ámbitos, como salarios mínimos, derechos humanos o ecología? Es inmoral que pequeños países no  cobren impuestos, pero explotar niños, arruinar el medio ambiente o subvencionar productos agrícolas con dinero público para inundar después los mercados del tercer mundo con los excedentes nos parece perfecto. ¿Por qué podemos producir en otro país sin ser penalizados y sin ser obligados a repatriar los beneficios, pero si decidimos invertir en acciones o poner dinero en una cuenta bancaria que estimamos más segura, debemos pagar por ello en nuestro país?
Y este aspecto no tiene nada que ver con dinero ilícito o lavado de capitales. Hoy en día la persecución de estos delitos es ya una política unánime, también en aceptada por los propios paraísos fiscales.

Por todo lo expuesto, aunque desde luego todavía estamos lejos de que desaparezcan los paraísos fiscales, no deberíamos desear demasiado que llegue este momento. Al igual que con la caída del muro de Berlín y los regimenes comunistas nuestros “buenos chicos capitalistas” perdieron la vergüenza y comenzaron a recortar beneficios sociales sin ningún pudor, nuestros “Estados protectores” fácilmente podrían comenzar a perder la vergüenza recaudatoria y sacarnos hasta las entrañas. La economía podría resentirse fuertemente y entrar en parada “cardiorrespiratoria”, ganando el Estado cada vez más protagonismo. “Primero muere el libre mercado, después la democracia”.

Por Aileen Rodríguez

- página 1 de 3