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Cuentas Numeradas

Cuentas Numeradas - PARAISOS FISCALES

¿Qué son y Cómo Funcionan?

Las cuentas numeradas son sin duda uno de los productos más famosos de la industria offshore, en gran medida porque la filmografía, la prensa y la literatura han contribuido a su mitificación. En el imaginario popular se han asociado con oscuras historias de espías, traficantes, dictadores o políticos corruptos.

¿Pero qué hay de cierto en esas historias? ¿Permiten las cuentas numeradas realmente realizar operaciones bancarias de forma totalmente anónima? Trataremos de responder a estas cuestiones mediante el presente artículo.

¿Qué son las cuentas numeradas?

En primer lugar podemos decir que, básicamente, las cuentas numeradas se diferencian de las cuentas bancarias normales en que para su identificación, además del número de cuenta, no se utiliza el nombre de una persona física o una empresa, sino solamente una combinación de números o, con menor frecuencia, una palabra clave. Es decir, en vez de tener la cuenta número 99655 a nombre del “Sr. Pablo García” o de la sociedad “Proyectos Comerciales Internacionales S.A.” tendremos el número de cuenta 99655 a nombre de “45863934”. Los números o palabras clave asignados a las cuentas numeradas se utilizan no sólo para las operaciones bancarias, sino en todo el resto de documentación y correspondencia con el banco, como por ejemplo en los extractos bancarios.

¿Son las cuentas numeradas anónimas?

La respuesta es no, categóricamente. Hoy en día, las regulaciones internacionales contra el blanqueo de capitales que existen en cualquier jurisdicción sin excepción, obligan a todos los bancos a identificar convenientemente a cada uno de sus clientes. Por tanto, la identificación que se practica para las cuentas numeradas es exactamente la misma que para cualquier otra cuenta bancaria convencional.

Lo que varía, además de la manera de identificar la cuenta como ya hemos comentado, es la forma en la que se manejan los datos del cliente dentro del propio banco. La documentación física que contiene los datos reales del cliente, generalmente se guarda bajo llave en una localización segura y sólo tienen acceso a la misma un número muy reducido de empleados del banco, generalmente directivos o personal de especial confianza. Después, en el sistema informático, sólo se introduce la numeración o palabra clave asignada al cliente. De este modo, ningún empleado común del banco podrá ver a quién pertenece la cuenta. No obstante la dirección del banco sí dispondrá de la información sobre el titular de la cuenta y, como ocurre con todas las cuentas, también deberá entregar esos datos a las autoridades si recibe una orden judicial o instrucción administrativa que le obligue a ello.

Cabe destacar que esto no siempre fue así. En el pasado algunas variantes de cuentas numeradas sí podían llegar a ser totalmente anónimas. Por ejemplo el legendario “Sparbuch” austríaco que consistía en una libreta de ahorro que permitía retirar y depositar dinero sin requerir identificación. Cualquier persona en posesión de la libreta era automáticamente considerada como dueña de la cuenta. No obstante, hoy en día ya no se permite su uso, debido a las normativas contra el blanqueo de capitales.

¿Qué otras diferencias existen con las cuentas convencionales?

En teoría, los usos de las cuentas numeradas son exactamente los mismos que los de una cuenta convencional. No obstante, en la práctica puede haber algunos inconvenientes para determinadas operaciones. Por ejemplo, si queremos realizar una transferencia desde otro banco a una cuenta numerada, el banco emisor va a exigirnos que hagamos constar el nombre del beneficiario de la transferencia y, lógicamente, no aceptará que este sea un número. Por tanto, sería normalmente necesario revelar el nombre del titular de la cuenta para poder realizar la transferencia perdiéndose el anonimato con ello. Poner un nombre inventado no serviría tampoco, ya que el banco de destino probablemente la devolvería, al no coincidir los datos ni con el número asignado a la cuenta, ni con el nombre del titular real (que se tendría que verificar manualmente).
Es por este motivo que generalmente las cuentas numeradas no se pueden usar para transacciones externas, sino sólo para transacciones dentro del propio banco. Por ejemplo, para traspasos desde otras cuentas normales que el cliente mantenga en la entidad, ya sea como persona física o a nombre de una sociedad. Es decir, que una cuenta anónima no suele tener mucho sentido si no se mantienen a su vez otras cuentas dentro del mismo banco.

Otra diferencia es que las cuentas numeradas normalmente tienen asociados mayores costes de mantenimiento. Esto se debe principalmente a los trámites administrativos adicionales que tiene que realizar el banco para la custodia y salvaguarda de la documentación y los datos del cliente. Para la comercialización de este producto tampoco se suelen usar los cauces habituales. Si un individuo entra en un banco suizo y solicita la apertura de una cuenta numerada, probablemente el empleado que le atienda lo mirará como si fuera de Marte y amablemente le indicará que el banco no ofrece este servicio. En general, los bancos no ofrecen cuentas numeradas al gran público. Se trata más bien de un producto que, aunque en determinados países es perfectamente legal, se comercializa “bajo el mostrador”. Se reserva para los mejores clientes, que ya tengan una relación larga y establecida con el banco, además de una considerable cantidad de depósitos.

Utilidades de las cuentas numeradas

Como hemos comentado, una cuenta numerada no garantiza el anonimato total, presenta algunas limitaciones operativas y conlleva mayores gastos de gestión. A priori, no parecen por tanto un producto muy atractivo. Especialmente, si se tiene en cuenta que existen otras opciones eficaces para mantener la privacidad, tales como las cuentas corporativas a nombre de sociedades offshore o estructuras más complejas como los trust o las fundaciones privadas.

¿Por qué siguen existiendo entonces las cuentas numeradas, qué beneficios aportan y cuáles son sus principales usos? En realidad, su principal virtud es que permiten mantener la privacidad dentro del propio banco. Este detalle, que puede no ser muy relevante para el común de los mortales, cobra sin embargo una enorme importancia en figuras públicas, tales como políticos, artistas, deportistas, grandes empresarios u otras celebridades. Si bien en los grandes centros financieros offshore el secreto bancario está protegido por leyes muy severas, el riesgo de una filtración de información confidencial se incrementa de forma exponencial si cualquier empleado de base tiene acceso a los datos de la cuentas.

Recordemos por ejemplo los famosos casos de venta de datos robados por sendos empleados en los bancos HSBC de Suiza y LGT de Liechtenstein. Si bien consisten hechos muy aislados, lógicamente cuando se trata de información sobre conocidas figuras de la política, del deporte o de la vida social, la tentación para un sencillo empleado de banca de filtrar información se vuelve casi irresistible. Por tanto, en dichas circunstancias el uso de cuentas numeradas desde luego es una medida de autoprotección importante, ya que una posible filtración de información podría tener consecuencias fatales para el interesado (fiscales, políticas, de seguridad, personal, etc.).
En otras ocasiones, los interesados también pueden querer ocultar su participación en determinadas empresas o negocios, permitiendo el uso de cuentas numeradas el traspaso discreto de beneficios o dividendos. En este aspecto, desde luego algunos tópicos sobre glamour, misterio y corrupción pueden tener, al menos en ciertos casos, un trasfondo real.Lógicamente, también puede haber muchas razones perfectamente legítimas para querer mantener la privacidad.

Como resumen final podríamos decir que si bien las cuentas numeradas pueden tener una gran utilidad en el caso de personajes públicos, especialmente expuestos a posibles amenazas contra su privacidad, aportan relativamente pocas ventajas al resto de las personas. Deben utilizarse siempre en combinación con cuentas convencionales y su contratación en la mayoría de los casos sólo es posible si existe una relación establecida y privilegiada con el banco.

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